Más allá del conocimiento está el sentido

. 18 ene. 2009

Este fin de semana he leído un par de cosas que me han llevado a pensar que nuestro anterior post sobre la formación en manahamana se queda un poco cojo. Hablábamos de aprendizaje, formación y conocimiento, pero no hemos mencionado algo fundamental para nuestro desarrollo, la base en la que se apoya cualquier organización, cualquier grupo humano: la búsqueda de sentido.

Sin un sentido claro la organización pierde su fundamento, las personas se dispersan y por mucho conocimiento que se genere todo caerá por su propio peso, cada uno tenderá a encontrar sentido de manera individual o en otras organizaciones. La búsqueda de sentido en nuestro desarrollo como organización y como personas que formamos parte de ella, debe ser otro de los ejes de nuestro proyecto de aprendizaje, un eje sobre el que repose el conocimiento: aquí entran en juego las emociones, las ilusiones, las relaciones, los compromisos, la confianza, las motivaciones, los deseos… el para qué, el cómo, y el hacia dónde avanzar.

Agradezco la lectura de “El gran Bazar. La sistémica en la empresa” de Antonio Linares, concretamente el capítulo “Más allá del conocimiento está el sentido”(título que tomo prestado para este post), que tendremos en cuenta para preparar nuestro programa o proceso de aprendizaje.

La otra lectura, la que realmente me ha animado a escribir hoy, la he encontrado en un artículo del periódico “Sud-ouest” titulada “Dans le poing du marché” (Atrapados por el mercado), una reflexión nacida de un coloquio que tuvo lugar la semana pasada en París con el titulo “Un nuevo mundo, un nuevo capitalismo”.

Los sistemas funcionan en base a una serie de creencias y valores, en torno a los que nos organizamos para encontrar sentido. El sentido durante estas últimas décadas lo hemos encontrado a través de la cuantificación de las cosas y las actividades, y precisamente la cantidad ha sido nuestra guía como empresas e incluso como individuos. Traduzco literalmente algunas frases de este artículo : “Hemos olvidado que existe, después de todo, otra acepción de lo que es el valor. Los valores son antes que nada asuntos humanos. La gratuidad es un valor, la lealtad, también; el regalo es una forma de intercambio, y la frugalidad bien entendida, una elección de vida. (..) Recordar todo esto, no es caer en un moralismo cándido. Es más bien tratar de volver a los ingredientes simbólicos que permiten a una sociedad algo tan simple como existir. Y durar. Tomemos algunos ejemplos. La gratuidad no es una gentileza añadida, es, la mayor parte de las veces, una dimensión necesaria para vivir juntos. Algunos de los investigadores más serios (no cita fuentes) han mostrado que la eficacia de una empresa se sostiene también en la parte de compromiso gratuito que cada uno es capaz de añadir a su actividad remunerada, a ese plus que marca la diferencia. En derecho romano, llamaban a esto “affectio societatis”, es decir la voluntad de permanecer juntos.

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